Por qué el hambre nos pone de mal humor

  • Liliya Kazantseva
  • Título del autor,The Conversation*
  • 24 agosto 2024

Si has visto la película de animación “Inside Out 2” (Intensamente 2 o Del revés 2), quizá te hayas sentido identificado con los problemas de ansiedad y las consecuencias físicas que sufre la protagonista.

Pero existen muchas otras situaciones en las que nuestras emociones negativas se expresan de manera exagerada, haciendo que, como se dice coloquialmente, “metamos la pata”.

¿Quién no ha dicho, por ejemplo, una insolencia por algo trivial debido a que era la hora de almuerzo y aún no había comido por culpa de una reunión de trabajo que se había extendido más de la cuenta?

Descubramos por qué nos juega el cuerpo estas malas pasadas.

Cuando tenemos hambre, las emociones que cobran protagonismo son la fatiga, confusión o el enojo.

El causante de todo esto es el azúcar –concretamente, la glucosa– que circula en nuestra sangre. En el momento en que sus niveles bajan, se desencadena en nuestro cuerpo una serie de respuestas para recuperarlos.

Pero ¿qué papel exactamente ejerce la glucosa? ¿Por qué es tan importante?

Este tipo de azúcar es la principal fuente de energía para las células, que componen todos nuestros órganos.

Por ejemplo, el cerebro depende casi exclusivamente de su aporte. Sin ella, los 100.000 millones de células nerviosas que lo componen no serían capaces de realizar su trabajo de manera óptima.

Si el cerebro no recibe suficiente glucosa, lo percibimos sintiéndonos débiles, irritables, mareados y con dificultad para concentrarnos.

En casos extremos, cuando el abastecimiento de azúcar escasea por tiempos muy prolongados, podemos entrar en estado de coma.